Frecuentemente se asocia el rendimiento académico a un valor cuantitativo basado en el saber. El número le da valor al trabajo y esfuerzo de los estudiantes. Sin embargo, el rendimiento no solo incluye el área del saber, sino las del “saber hacer” y “saber ser.” Desde está perspectiva es valioso preguntarse, ¿Cómo puedo influir de forma positiva en el rendimiento académico de mis hijos?

Uno de los factores que influyen en el rendimiento escolar es la motivación: ese motor personal que mueve, o no, a hacer algo. Los padres de familia deben estar conscientes de que cuando sus hijos no quieren hacer algo, tienen en sus manos la oportunidad perfecta para trabajar en su voluntad. Vencer los pequeños caprichos diarios, la pereza y la falta de ánimo los llevará a ser hombres y mujeres libres trayendo como valor agregado un mejor rendimiento académico.

La motivación intrínseca está movida por la voluntad; la extrínseca por la afectividad. El corazón es el mayor tesoro de la persona. Cuidarlo y custodiarlo como padres, no solo es una tarea, sino un deber que influirá de forma significativa al rendimiento.  Prestar atención al estado de ánimo, a las experiencias que se viven día a día y a su mundo interior, permiten tener mayor estabilidad. Un carro sin gasolina no llegará a ninguna parte. Así de vital es la afectividad para el rendimiento. Solo se puede estar bien afuera si se está bien por dentro.

El tipo de autoridad que se ejerce en casa brindará oportunidades para formar pensadores divergentes con un buen manejo de “el saber” en sus dimensiones.  Los padres autoritarios crían niños rígidos con creatividad escasa. El ambiente familiar no propicia la iniciativa y eso impide buscar soluciones y tomar decisiones. Los padres permisivos crían hijos a los que les falta regulación ya que dependen en gran medida de sus caprichos. La falta de parámetros genera inseguridad y los limita en la toma de decisiones a largo plazo. Ambos estilos de autoridad influyen de forma negativa en el rendimiento, pues se limita o extralimita la autonomía.

La autonomía es un excelente aliado en el rendimiento académico de los estudiantes pues incluye una buena dosis de motivación, confianza y estabilidad emocional. Los alumnos autónomos toman decisiones y aprenden de sus errores. Es así como el rendimiento de los estudiantes sirve como reflejo para los padres de la forma en que educan en afectividad, sociabilidad y autonomía. El uso de su libertad será fuente de elogios o reproches en su vida personal y en el rendimiento académico.

En Colegios APDE acompañamos a todas nuestras familias para que puedan formar hijos autónomos, alegres y capaces de hacer uso de su libertad responsablemente.




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