Vamos a hablar de educación refiriéndonos al aspecto de normas de urbanidad que practica una persona cuando se relaciona con otras. Lo primero es estar consciente de que se educa con el ejemplo. Los hijos están captando constantemente la forma de actuar de los padres y la imitan. Esto nos compromete, porque gran parte de la educación de los hijos viene de lo que aprenden de los padres.

La buena educación se fundamenta en el respeto que nos debemos como personas. Es mportante que toda la familia tenga claro que cada persona tiene una dignidad que nos llama a tratarles con cortesía. La condición social, económica, cultural, etc., no disminuye en nada la dignidad de la persona, hecha a imagen y semejanza de Dios. Puede ser que por mal uso de la libertad o por falta de oportunidades, las personas no muestren en sus acciones esa dignidad, pero no podemos nosotros, por esos motivos, dejarles de tratar educadamente.

Las normas de urbanidad se aprenden en la casa. El saludo, la despedida, no interrumpir cuando otro habla, esperar su turno, pedir por favor, usar palabras adecuadas al hablar, evitar ofensas, etc. son acciones y actitudes que reflejan el nivel de educación que posee la persona.

El respeto del que hablamos se manifiesta en el trato educado entre las personas y muy especialmente entre los miembros de la familia. Actualmente parece que se hubiera perdido el norte en este tema. Es increíble el número de personas que utilizan un lenguaje soez. A veces pareciera que el término “dama” o "caballero" ha pasado a la historia. Uno puede escuchar a hombres y mujeres utilizando un lenguaje que da pena. Pasa lo mismo con adolescentes. Como que disfrutaran tener en la boca todas las palabras ofensivas que pueden usar. Si los padres no dan el ejemplo, los chicos no van a actuar educadamente.

El saludo es otro tema muchas veces olvidado. Es frecuente que una persona salude y no reciba respuesta.  Las frases o palabras “por favor”, “muchas gracias”, “perdón”, “adiós”, parece que están en el olvido.

Toca a veces ver cómo un chico interrumpe las conversaciones de los adultos sin que se les ponga un alto. Pareciera que los padres no se toman el tiempo para educar en su momento a ese chico que está siendo mal educado. Le podrían decir “no interrumpes conversaciones de los adultos”, “si quieres decir algo, esperas tu turno”.

Después de estos ejemplos, animamos a los padres a tomar conciencia de que su papel es lograr que los hijos, desde pequeños, se comporten de forma educada. Sólo hay que estar atento para dar buen ejemplo y para corregir en el momento oportuno.

Esa lucha por lograr una buena educación, urbanidad, va a significar mucho en el futuro de los hijos. La buena educación abre puertas y puede significar la diferencia entre un éxito y un fracaso. Educar es un trabajo constante, que no permite tregua, pero que, a largo plazo, es muy satisfactorio porque nos permite ver los frutos de una lucha cotidiana.




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