Los niños en edad escolar a menudo tienden a pelear por los juguetes, o por cualquier cosa. Es una etapa de egocentrismo, donde descubren que tienen voluntad propia, descubren su yo y por lo tanto quieren defenderlo. Ganar un espacio de protagonismo o saber afianzarse dentro de un grupo social.  El reconocimiento de sentirse victorioso y reafirmar su posición. 

Ante un episodio de esta índole los padres de familia tenemos una excelente oportunidad para poder ejercer nuestro rol como primeros y principales educadores de nuestros hijos; como en su momento lo manifestó uno de mis formadores en Colegios APDE: “Cada acción es una oportunidad para formar o para deformar”. 

Como padres de familia ante una situación de esta índole podríamos aprovechar para modelar el carácter de nuestros hijos, por un lado, tener una conversación prudente con nuestros hijos y escuchar su versión de los hechos.  A partir de ello, hacer un contraste con la versión oficial de parte del colegio, con ello estamos en capacidad de emitir un juicio moral para deducir: ¿Mi hijo inicio la pelea o mi hijo se defendió? Con esta deducción podemos orientar de forma adecuada nuestra posición como formadores.

Si por un lado deducimos que nuestro hijo fue un iniciador de la pelea, (agresor) regularmente por postura que ellos consideran justas, los padres de familia tienen una inmejorable situación para educar en el respeto y la no agresividad, las personas debemos saber convivir con los demás sin importar sus perspectivas.  Es también un momento en el que podemos enseñar a nuestro hijo que puede acudir con las autoridades del colegio para expresar su malestar por actitudes o conductas que puedan deteriorar la sana convivencia, por último, es una oportunidad para nuestro hijo aprenda a pedir perdón y ofrecer disculpas por la conducta que ha tomado que seguramente no es propia de los valores de la familia.

Esta situación ¿en qué momento nos debe preocupar? cuando nuestro hijo por diversos motivos presente dificultades en el control de impulsos y no agreda por “maldad” sino porque no es capaz de controlarse.  Estas conductas puedan llegar a crear en él un estereotipo de agresor y esto a su vez, dañe su autoestima.  

En contraparte si nuestro hijo es el agredido, es una buena oportunidad para manifestarle que no está solo, es un importante momento para enseñarle a defenderse para que se sienta empoderado y que él es capaz de defenderse. De lo contrario, ese niño puede crecer indefenso, creyendo que él no cuenta con los medios para protegerse, sino que siempre requerirá una protección externa. Los padres deben preocuparse cuando su hijo es víctima de todos los otros niños y, no es capaz de defenderse ante ninguna situación, en estos casos, el niño tenga un problema más profundo de inseguridad.

Es por ello que los padres debemos reafirmar mucho la autoestima de los hijos y enseñarles estrategias para defenderse y mecanismos para solucionar conflictos.  De igual forma, la comunicación con el colegio es vital para que logré ser un mediador prudente y se tomen las medidas educativas correctivas para la sana convivencia de los alumnos.




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