En colegios APDE se procura dar una formación integral a todos los alumnos y parte de esta labor tan importante en la vida familiar, incluye la asignatura de teología como parte del programa académico de cada uno de nuestros chicos, así como se ofrecen distintos medios de formación para padres de familia que deseen enriquecer su labor de primeros educadores.

Desde nuestro bautismo formamos parte de la Iglesia, la familia de Dios. La Iglesia es una familia muy grande, y así como en nuestra familia natural hay diversas personalidades, diversas habilidades y diversos gustos, en la familia de Dios hay distintos modos de hacerse santo, que es lo que Dios nos pide a todos sus hijos. Si no luchamos por ser santos, no podemos llegar al Cielo. Y tú y yo queremos ir al cielo, ¿no es cierto?

Hay miembros de la familia de Dios que se dedican al cuidado de los ancianos y enfermos, hay otros que se dedican a la educación de los jóvenes, otros que son misioneros: van a lugares lejanos donde la gente no ha oído hablar de Dios, y algunos que dedican todo el tiempo y esfuerzo a rezar. Es lo que Dios les ha pedido para ser santos.

Hace casi 100 años Dios le pidió a Josemaría Escrivá que recordara a las personas que todos podemos y debemos ser santos, sin hacer cosas raras, sin tener que irnos a un convento. San Josemaría rezó mucho para poder cumplir lo que Dios le pedía y pensó que la mejor manera de hacerlo era siendo sacerdote.  Poco a poco fue contándole a diferentes personas que podían santificarse en su profesión: como estudiantes, cocineros, médicos, profesores, ingenieros, jardineros, mecánicos, cantantes, futbolistas, vendedores, incluso estando enfermos si ofrecían a Dios su trabajo y procuraban cumplirlo muy bien…

Así nació el Opus Dei, que significa trabajo de Dios, obra de Dios. Nació en España el 2 de octubre de 1928 y ahora está en muchísimos países: Italia, Portugal, Sudáfrica, Japón, India, Guatemala, El Salvador, México, Estados Unidos, Brasil, Colombia….

El Opus Dei enseña que podemos ser santos no importa si soy niño, joven, adulto o anciano, si tratamos de hacer lo mejor posible y le ofrecemos a Dios es esfuerzo que suponen las cosas ordinarias de la vida: levantarme al sonar el despertador, hacer mi cama, guardar las cosas en su lugar después de usarlas, hacer mis tareas, jugar, cumplir mi encargo en casa, sonreír, aunque no tenga ganas…, pero lo hacemos para agradar a Dios.




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