Muchos padres de familia esperan que sus hijos les cuenten lo que han hecho en el Colegio, desde lo cotidiano hasta lo extraordinario.  En muchos casos los chicos pueden tener la confianza de contar esos detalles, pero en contraste, encontramos a muchos que prefieren no contar nada e incluso muestran enojo cuando se les pregunta sobre lo realizado en un día normal de Colegio. En este último caso, es mucho más complejo enterarnos si nuestro hijo es víctima de Bullying.

El acoso escolar debe entenderse como una conducta agresiva que puede ser física, verbal, relacional o cibernética en contra de otra persona más débil o que tiene alguna característica diferente a los demás.  Podemos encontrarnos con dos tipos de víctimas de Bullying: la víctima pasiva (niño reservado) y la víctima provocadora (le gusta llamar la atención).  Ambas son víctimas y si bien la segunda puede dar lugar a pensar “… él mismo se lo buscó…” sigue siendo víctima.

La mayoría de estas víctimas son individualizadas por algunas características que los hace diferentes del grupo, como el peso, tamaño, color de piel, alguna discapacidad, uso de anteojos o incluso su bajo rendimiento académico.  Es preciso identificar los principales indicadores del acoso escolar, siendo uno de los más frecuentes la repentina falta de deseo de regresar al Colegio o bien comenzarse a sentir incómodo con sus compañeros y profesores.

Otra señal son los cambios en el comportamiento, los cuales en mayor número, son tendencias hacia la agresividad incluso contra sus propios hermanos.  También es probable que comience a tener bajo rendimiento académico y un rechazo hacia el Colegio y todas las actividades que antes le gustaba realizar.  En caso de ser víctima de una conducta agresiva física, el niño puede llegar a casa con la ropa o materiales dañados o bien que constantemente se le “pierdan” los objetos en el Colegio.

En los últimos años ha proliferado el Bullying cibernético y es aquel que se da utilizando medios digitales como redes sociales en las cuales se envían fotografías, memes, vídeos, etc. con la intención de intimidar a la víctima.  En este sentido, muchos niños y jóvenes pueden comenzar a cambiar de amistades o mostrar rechazo al grupo de amigos con los cuales se ha relacionado antes.  Una señal en este tipo de acoso es el borrar constantemente historiales de navegación y señales de ansiedad como morderse las uñas, rascarse la cara o rechazar de forma repentina los medios tecnológicos.

Para Colegios APDE, la labor del asesor educativo es fundamental para que cada alumno cuente con el apoyo necesario para no estar en cualquiera de los dos casos: el chico reservado o aquel que busca llamar la atención.




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