Cuando llega el momento de abordar este tema con una hija, solemos ponernos nerviosas y nos cuesta pensar que ya llegó la hora y que es inevitable esta conversación. Para comenzar, evitemos dramatizar y tomémoslo con mucha naturalidad. La fuerza del cariño, la delicadeza y el efecto de la comunicación confiada que hemos cultivado con nuestra hija desde muy pequeña, ayudarán en esta empresa. Tomar en cuenta la edad y madurez de la hija para utilizar los términos adecuados y que pueda entender.  Hablar con la verdad. No se vale inventar fábulas ni cuentos extraños que haga parecer que el tema es molesto. Si no somos veraces, tarde o temprano la hija se dará cuenta que no hemos sido sinceras.

La madre, por ser mujer, debe de estar atenta a las reacciones y preguntas de su hija para ayudarla a identificarse con su sexo. Como tienen muchas cosas en común, habrá una mayor naturalidad en la comunicación. Pero si el caso fuere que no está la madre, es el padre quien debe asumir la responsabilidad, preparándose convenientemente para abordar el tema con la debida delicadeza.

 

De 8 a 12 años

A partir de esta edad, si no antes, los padres deben de tomar la iniciativa de hablar con la hija, anunciándole de manera gradual, los cambios que tendrá su cuerpo al llegar la pubertad y el significado de esos cambios. Prepararla para la llegada de la menstruación. Que no la tome por sorpresa, que sepa qué está pasando dentro de su cuerpo y que sepa cómo actuar en esos momentos.

Cuando siendo más pequeños, los padres respondieron a las inquietudes de los hijos respecto a la llegada de los bebés y todo lo relacionado con el tema, ya la niña sabrá que dentro de su cuerpo se podrá gestar un niño, aunque no se le dieran mayores detalles. Es ahora cuando se puede entrar a tratar el tema con más información, explicando lo que ocurre en su cuerpo y las razones por las que estos cambios ocurren.

No es fácil abordar el tema con las hijas, sobre todo porque nos parecen muy inocentes, que todavía no están preparadas para saber, que el día de su primera menstruación está muy lejano. Hay que evitar ese miedo. El diálogo debe de comenzar muy pronto porque la hija ya está en edad de comprender, y si no son sus padres quienes abordan el tema, la información, muchas veces de forma inconveniente, llegará a ella. La futura joven debe de estar informada de los mecanismos de la fecundidad femenina y masculina. Entender que el conocimiento del funcionamiento biológico de su cuerpo no bastará para ayudarla a aceptar el fenómeno de la menstruación y acepte el misterio de la vida y su nueva fecundidad. Puede ser que a la niña le provoque cierto rechazo el saber que cada mes estará en esa situación por lo que es necesario enfocarse en lo maravilloso que es ser mujer, en el regalo de la posibilidad de ser madre.




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