Educar a los hijos es una labor apasionante. La familia, como iglesia doméstica tiene la gran responsabilidad de transmitir la fe desde pequeños a los hijos. Es una tarea que conlleva esfuerzo de los padres de familia por ser ejemplo de vida de fe, pero sobre todo de confianza en Dios.

En el caminar de este educar en la fe, puede suceder que los hijos se encuentren con la realidad de personas que rechazan la existencia de Dios (ateísmo) o, en el mejor de los casos, el aceptar la existencia de Dios, pero siendo este un ser lejano a los hombres (agnosticismo). Esto es, porque tanto ateos como agnósticos no perciben de ninguna manera la necesidad del amor de Dios, que no cesa de buscar a sus hijos los hombres a pesar del pecado (1 Timoteo 2,4). Pero, la cuestión es, si Dios, a pesar de la indiferencia del hombre al no querer creer en Él ¿le abandona o, en cambio, sigue buscándole hasta que lo encuentre y le salve?

Una historia real que nos puede servir para explicar cómo Dios sale al encuentro del hombre que es indiferente a su amor o, que lo rechaza explícitamente, es lo sucedido con un niño italiano durante una audiencia con el Papa Francisco en el año 2018. El niño italiano en cuestión le preguntó al Papa Francisco si su papá, que era ateo, ¿estaba ahora en el cielo?

El Papa, con su corazón de padre, consoló a Emanuele, escuchándole entre sollozos. El Papá dijo que “ojalá todos pudiéramos llorar como Emanuele cuando tengamos un dolor como el que tiene en el corazón”: el no saber si su padre estaba en el cielo, sabiendo que era ateo y también un buen padre de familia. Era un buen padre porque quería a su familia y, además, bautizo a sus cuatro hijos.

A raíz de este suceso, el Papa Francisco nos cuestiona a todos los cristianos si, a ese buen padre, a pesar de no creer en Dios es capaz de bautizar a sus hijos: ¿podemos pensar que Dios sería capaz de dejarlo lejos de Él? ¿Dios es capaz de abandonar a sus hijos cuando son buenos? A estas interrogantes responde que Dios seguramente estaría orgulloso de este padre de familia, porque es más fácil, siendo creyente, bautizar a los hijos, que bautizarlos siendo no creyente. Y esto seguramente a Dios le ha gustado mucho.

Ante la posibilidad de la lejanía de Dios o del rechazo hacia Él y su amor que se pueda suscitar dentro o fuera de la familia, es importante que los padres de familia muestren siempre a los hijos que Dios es un Padre rico en misericordia, que no se cansa de amar y de perdonarnos.

Lic. José Miguel Díaz
Subdirector de Orientación
Colegio El Roble




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