Hace ya varios años se conoció, en la prensa escrita de un país conocido, el suicidio de un estudiante durante una celebración de finalización de curso. Luego de las investigaciones, sus padres encontraron una carta en la que el joven relataba el porqué de su decisión extrema y mencionaba los nombres de quienes le hacían la vida imposible. Todo aquello fue una verdadera tragedia que circuló por varias semanas entre familiares, compañeros, comunidades educativas y las notas de los medios de comunicación.

Hoy día nadie puede negar que la existencia de agresiones en las instituciones educativas sea una realidad. Si bien es cierto que existen diferentes tipos de agresiones (verbales, físicas, psicológicas, cibernéticas, laborales, etc.), aquellas que ocurren de forma sistemática, continua, sostenida, intencional, con la finalidad de causar daño y provocar la diversión, son las que sustentan el concepto actual de “bullying”. Esto no quiere decir que las agresiones esporádicas no sean agresiones, pero hay que diferenciarlas, puesto que forman parte de una cultura que se debe cambiar, pero no necesariamente constituyen “bullying” en sí mismas.

Tanto las agresiones que forman parte de lo que llamamos “cultura” como las que constituyen la esencia del “bullying”, deben ser atendidas y erradicadas de fondo. En esta tarea los actores principales son los adultos, padres de familia y profesores, que deben despojarse de las típicas reacciones para echarse culpas mutuamente y de verdad unir con total franqueza y transparencia sus esfuerzos para ayudar a los agredidos, agresores y a los que conocen como indiferentes o espectadores. Cada uno tiene un papel fundamental que cumplir, sin el cual el fenómeno del bullying difícilmente se podrá erradicar.

Para completar, la institución educativa debe tener una estructura, organización y clima que permita el desarrollo de una convivencia armónica, de respeto y comprensión, que facilite un ambiente que promueva la erradicación de la cultura de agresión y el bullying. No es tarea fácil, pero se puede lograr si cada actor asume su papel.

En la cultura actual si un joven en la calle le dirige un “piropo” a una chica, con seguridad que puede terminar en un juicio, acusado de violencia contra la mujer por maltrato verbal. Asimismo, si un pasajero en un vuelo aéreo enciende un cigarrillo dentro de la cabina, puede terminar en la cárcel por atentar contra la salud de los pasajeros. De igual manera, debemos lograr que se erradique cualquier tipo de agresión de nuestra cultura; ya sea de tipo físico, verbal, psicológico, laboral o cibernético. En esto, todos tenemos un rol específico y concreto que jugar.

 

Referencia. 

Libro: “Bullying: agresores y agredidos. Lo que los profesores y los padres deben hacer”.

Autor: Danis Omar Rodríguez. Maestro. Intérprete de Sordos. Psicólogo Educativo. Máster en Docencia Universitaria. Máster en Orientación Educativa Familiar.




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