Como padres nos enfrentamos a diario con las tareas escolares de nuestros hijos y muchas veces no sabemos cuál debe ser nuestra actitud ante ellas. Sabemos que son una gran oportunidad para involucrarnos con ellos, pero a la vez también son ocasión para favorecer el desarrollo de la autonomía, reforzar destrezas, adquirir responsabilidad y mejorar la atención y concentración.

Algunas ideas prácticas sobre cuál debe ser nuestro papel de padres ante las tareas de nuestros hijos son:  proporcionarles un ambiente de estudio adecuado, es decir, un lugar fijo, que tenga buena iluminación y ventilación y que esté alejado de distracciones. También es importante facilitar los materiales que requieran para una actividad, previamente al inicio de la misma.

Establecer rutinas de trabajo es de suma importancia ya que esto les ayudará a anticiparse y saber lo que viene después de cada actividad. Debemos permitirles tener un momento de descanso al llegar a casa, tomar una pequeña merienda y luego iniciar sus tareas, las cuales deben empezarse en un horario fijo, mientras más temprano mejor, ya que, a última hora por la noche su rendimiento no será el más adecuado. Permitámosles pequeños descansos de 5 minutos entre una tarea y otra. 

Exijamos de forma comprensiva, los niños por encontrarse en pleno proceso de formación son generalmente menos responsables y constantes. La exigencia es más eficaz cuando hacemos saber a nuestros hijos lo que se espera de ellos, enfoquémonos más en el esfuerzo y trabajo bien hecho antes que en los resultados o calificaciones.

Recordemos que los más importante es fomentar la autonomía, que sean ellos quienes se hagan cargo y asuman sus responsabilidades, podemos supervisar la tarea y resolver alguna duda si es necesario, pero lo significativo no es una tarea perfecta sino las destrezas y hábitos que adquieren cuando las hacen ellos mismos.

El riesgo de una mala nota no debe ser motivo para que nosotros nos hagamos cargo, ya que, al desarrollar la autonomía, su autoestima y confianza crecen. Por el contrario, cuando hacemos las tareas por ellos, inconscientemente les enviamos el mensaje que no confiamos en su capacidad de hacer las cosas por sí mismos y de resolución de problemas.




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